Volatilidad bursátil: peligros y oportunidades

Por Raquel Merino

Diciembre de 2006. Sacyr Vallehermoso registra su máximo histórico al alcanzar los 49,68 euros por acción. Su caída en picado empieza desde ese mismo momento. En menos de cuatro años, en agosto de 2010, la cotización se estampa afanosamente contra el fango, llegando a su mínimo, de 3,44. Así, el valor de la acción cayó un 93% en cuatro años. Sin necesidad de irse tan atrás, centrándonos en su evolución en el último año, ésta ha subido desde sus mínimos (3,44 en agosto de 2010) hasta multiplicarse por 2,5 hace escasos días, cuando arañó los 8,77€ por título.

La elección de este valor eminentemente cíclico para ilustrar la fuerte volatilidad a la que se ven sometidos los títulos cotizados en la bolsa desde luego no es al azar. Bien es sabido que el estallido de la burbuja inmobiliaria aplacó los humos de acciones extremadamente sobrevaloradas durante el boom. Pero para invertir a largo plazo se ha de estar preparado para ver vaivenes de similar índole (que, por otro lado, pueden suponer oportunidades de ganancia muy golosas). Así, es más que habitual ver que entre el máximo y mínimo anual de muchas acciones pueda haber una diferencia superior al 50% (100% desde mínimos) y a veces de más del 70% (más del triple desde mínimos).

Para ilustrarlo, qué mejor que recurrir a las palabras de Warren Buffett, el inversor bursátil más exitoso de la historia: “a menos que puedas ver tus acciones caer un 50% sin que te cause un ataque de pánico, no deberías invertir en el mercado bursátil”. Es de inversión a largo plazo de la que hablamos aquí. Y, preferentemente, de destinar a dicho fin la porción deseada de nuestras rentas o riqueza asumiendo que sus frutos no se recogerán hasta pasados varios años (esta afirmación no implica que no estemos atentos para cambiar nuestra cartera cuando lo demande la situación). Así como a los funcionarios les han recortado el 5% de sus salarios, los demás nos podemos autoinfligir un recorte de similares características, retirando una parte de nuestros ingresos (de los que nos olvidaremos para el día a día) para inversiones que hagan crecer nuestro patrimonio futuro. Por supuesto que hemos de buscar la mejor manera de invertirlo, pero, una vez convencidos de la elección realizada, habremos de tener la mayor de las paciencias. Buenos valores a buenos precios y la magia de la capitalización compuesta harán el resto. Otra de las famosas frases de Buffett nos viene muy a la medida para el mensaje que deseamos transmitir: “si presta demasiada atención a las noticias financieras, corre el riesgo de decidir actuar, incluso si la mejor alternativa es no hacer nada. Si usted no tiene la certeza de poder mantener una inversión durante un plazo de tiempo prolongado, lo mejor es que no compre”.

¿Pero de dónde vienen exactamente esas diferencias tan enormes en la valoración de estos activos? ¿Cuál es el porqué de ese comportamiento, en ocasiones, maníaco-depresivo de la bolsa? Continuamente, se dice que el mercado se mueve por la psicología de masas, en cuyos extremos se alzan el miedo y la codicia. Afinemos algo más la explicación. Un negocio tiene muy distinto valor según las expectativas que sobre él se tengan. Dos son las alternativas de expectativas límite: la empresa con un futuro indefinidamente esplendoroso, y la empresa en vías de ser liquidada por quiebra inminente.

· En el primer caso, la cotización reflejará el valor a día de hoy de toda ganancia potencial futura. En esos momentos, nadie pone en duda que la empresa seguirá funcionando de forma excelente durante años. Así, las expectativas son que el negocio marche a pleno rendimiento, que tenga inmejorables expectativas de ventas, que mantenga o aumente los márgenes de rentabilidad, que reinvierta los beneficios o, más aún, que obtenga financiación ajena para ampliar mercados, y que los nuevos productos sean recibidos con entusiasmo. En este contexto, la valoración será extremadamente alta. Haga un poco de memoria. Recuerde la situación a finales 2006: el loco precio de los inmuebles, la velocidad con que eran colocadas las promociones, la obra pública boyante, la borrachera de créditos, los beneficios de las inmobiliarias y hasta los grandes emporios multindustriales (energía, banca…) que parecían destinados a comandar los del Rivero, Entrecanales, etc., y empezará a comprender la “lógica” efímera de esos casi 50€ por acción de Sacyr Vallehermoso.

· El vuelco en la valoración de esos mismos negocios se manifiesta cuando se hunden las perspectivas de viabilidad futura. En este caso, lo más que se ofrece por la acción es aquello que se piensa que podrá obtenerse de malvender los activos de la empresa (como equipos de producción o inmuebles), muchas veces, en un momento de lo menos oportuno para obtener buenos precios por su enajenación. Las expectativas sobre la empresa se vienen abajo, entre otros, al caer brutalmente las ventas, acumularse los inventarios, cerrarse las líneas de crédito, contraerse los mercados o ver cómo los ingresos no cubren los costes. La cosa es todavía más complicada si buena parte del negocio está financiado con deuda y, peor aún, si es a corto plazo: por ejemplo, con créditos de proveedores o líneas de crédito. En tal caso, las deudas apremian y la espada de Damocles del concurso de acreedores o la quiebra (Martinsa Fadesa, Nueva Rumasa) se cierne sobre la compañía.

Dicho esto, ahora es más entendible cómo el mercado a veces fluctúa en el rango de esas dos valoraciones “límite”, tocándolas en ocasiones, como en las épocas de burbujas y depresiones. Debe tenerse presente, no obstante, que el ejemplo aquí proporcionado de Sacyr Vallehermoso responde a una empresa muy cíclica, muy endeudada, que ha convivido con el mayor boom inmobiliario de la historia de España y con la mayor recesión en décadas y que, por tanto, se ha podido mover en unos rangos muy amplios. Existen valores más defensivos (no tan afectados por el ciclo o incluso contracíclicos) con mucha menor volatilidad.

La moraleja es que no debemos dejarnos confundir por unas u otras valoraciones extremas. Ni debemos creer el cuento de la lechera ni tampoco que el mundo se acaba pasado mañana. La volatilidad debe convertirse en nuestra aliada. Vencer el comportamiento de rebaño es una de las claves de la inversión exitosa. Invertir a “buen precio” allá donde hay alta incertidumbre, pero bajo riesgo, será la pauta que más réditos pueda darnos en el largo plazo. Por ejemplo, la consolidadísima empresa fabricante de motocicletas Harley Davidson cayó desde los 74,93 dólares en noviembre de 2006 hasta los 8,33 de marzo de 2009, para resituarse en unos razonables 40,96 a día de hoy. Con este comportamiento, actuaremos con un margen de seguridad que posibilite que, incluso en los peores escenarios, no salgamos mal parados.

En esta línea, la semana que viene examinaremos cómo está ahora valorando el mercado los negocios: si con optimismo, pesimismo o en un sano punto medio. Un buen punto de partida para nuestra toma de decisiones.

Fuente-http://www.libertaddigital.com/economia/volatilidad-bursatil-peligros-y-oportunidades-1276416987/

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